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Fernando Castro Florez, crítico de arte y filósofo

“La vision multiple de Madrid que ofrece José Miguel Palacio es, no cabe duda, un intento de construir una poética de la ciudad en la que se desplaza lejos del derrotismo o de una mera apología. Desde el año 2003 comienza a fijar escenas, sensaciones y personajes madrileños, sin casticismo ni mera voluntad documental, intentando accede, como el mismo Palacio indica, a la “idiosincrasia de una metropolis global”.

“José Miguel se distancia, afortunada y conscientemente, de esa neo-objetividad, no está obsesionado por la frontalidad de la fotografía armonizadora del conflicto ni pretende reducir todo al esteticismo formal. Este creador quiere que la ciudad vuelva a tener sentido y que no sea mera fachada, un espejismo sin alma”.

“José Miguel Palacio recorre la ciudad de Madrid como un etnógrafo pero sin intención científica, antes al contrario, dejando cifrados sus sentimientos, combinando, a la manera baudeleriana lo eterno con lo efímero”

“La ciudad desaparece como lugar de la memoria, como tránsito para el diálogo, como recinto en donde intercambiar la palabra subjetiva, esto es, como territorio de nuestra propia existencia. Pero, insisto, José Miguel Palacio convierte su arte en una alegoría del necesario diálogo metropolitan, de la urgencia por recobrar nuestro espacio vital en medio de la turbulecia diaria”

“Son muchos los riesgos que asedian a las ciudades, pero el más difícil de suturar de todos es la imposiblidad de identificarse con el espacio en el que habitamos, una dislocación permanente. Pienso que la obra de José Miguel Palacio responde al profundo deseo de localizer(se) aunque sea a través de los detalles y sin homogeneizar la multiplicidad de lo cotidiano”

“José Miguel Palacio entrega en su obra un panorama de un lugar en el que es posible encontrar lo mágico, que no es más que algo que se revela en el seno de lo cotidiano. Sabe que el pesimismo o el gesto apocalítico son, en cierta medida, gratuitos y que forman parte de la mentalidad actual de bunker que se niega a entregarse a los trayectos del afuera

“La obra de José Miguel Palacio provoca un encuentro con lo sublime, tiene algo de chispa o de destello, lo que esperamos en ese momento sin cronología es el advenimiento de la poesía. Ese escalofrío metafísico, propio del sentimiento sublime, nos deja, en todos los sentidos, sin palabras: es la presencia, con su oscuridad, lujo y silencio lo que nos invita a detenernos”

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